Un nuevo desarrollo de la industria biotecnológica ha llamado la atención por su extraordinaria capacidad para endulzar. Se trata de sweelin®, una proteína dulce desarrollada mediante diseño computacional a partir de la monelina, cuya potencia se estima en aproximadamente 3 mil 500 veces la del azúcar —sacarosa— por peso, de acuerdo con los resultados publicados recientemente.
El producto fue desarrollado por Amai Proteins mediante un proceso de fermentación de precisión. La proteína resultante, denominada DM31, fue diseñada para mejorar características de la monelina natural, entre ellas su estabilidad y comportamiento durante el procesamiento de alimentos. Según la investigación, puede utilizarse en diferentes productos y permitir reducciones importantes de azúcar sin comprometer significativamente la percepción de dulzor.
Uno de los aspectos que más interés ha generado es su comportamiento metabólico. En un ensayo clínico aleatorizado, doble ciego y cruzado, los investigadores compararon la respuesta de los participantes después de consumir diferentes bebidas endulzadas. Los resultados indicaron que sweelin tuvo un comportamiento similar al de la stevia y no produjo incrementos significativos de glucosa o insulina.
Durante las dos horas posteriores al consumo, la respuesta global de glucosa registrada con sweelin fue aproximadamente 31 veces menor que la observada con dextrosa, mientras que la respuesta de insulina fue alrededor de 81 veces menor. Estos resultados son especialmente relevantes porque la dextrosa, a diferencia del nuevo endulzante, provoca una respuesta considerable de glucosa en sangre.
Los investigadores señalan que la proteína puede alcanzar reducciones de hasta 70 por ciento del azúcar en diversas aplicaciones alimentarias, incluyendo bebidas, productos lácteos, postres, condimentos y goma de mascar. La elevada intensidad de dulzor significa que se requieren cantidades muy pequeñas para obtener un efecto comparable al del azúcar.
No obstante, el hallazgo debe interpretarse con cautela. El estudio clínico fue financiado por la propia empresa desarrolladora y contó con investigadores vinculados a ella, por lo que serán importantes nuevas investigaciones independientes y estudios de mayor escala para confirmar los resultados y establecer con mayor precisión sus efectos a largo plazo.
El desarrollo se suma a una creciente búsqueda de alternativas capaces de mantener el sabor dulce de los alimentos mientras disminuyen el consumo de azúcar. Por ahora, sweelin representa una propuesta tecnológica prometedora, pero no significa que exista todavía un “azúcar milagrosa” ni que el producto esté destinado automáticamente al tratamiento o prevención de la diabetes. Su eventual impacto dependerá de nuevas evidencias científicas, su regulación y su incorporación segura a la industria alimentaria.