La seguridad en México atraviesa una transformación que va más allá de cámaras, vigilantes y tarjetas de identificación. La incorporación de biometría, credenciales móviles y autenticación multifactor está modificando la manera en que empresas e instituciones verifican quién puede ingresar a una instalación, utilizar un sistema o realizar una operación.
El cambio es especialmente visible en sectores donde la protección de personas, información y activos requiere controles de acceso más precisos. La banca es uno de los principales ejemplos, mientras que los parques industriales también cuentan con procedimientos que contemplan mecanismos electrónicos y biométricos para identificar empleados, visitantes, proveedores y contratistas.
Durante años, las tarjetas de proximidad, credenciales físicas y NIP fueron algunos de los mecanismos más utilizados para controlar accesos. Sin embargo, estos sistemas tienen una vulnerabilidad evidente: una tarjeta puede perderse, prestarse o ser utilizada por otra persona, mientras que un NIP puede ser compartido o robado.
La evolución tecnológica está llevando a las organizaciones hacia sistemas capaces de combinar diferentes factores para comprobar la identidad de una persona. Entre ellos se encuentran algo que la persona sabe, como una contraseña o NIP; algo que posee, como un teléfono celular; y algo que es, como una huella dactilar o determinadas características faciales.
La autenticación multifactor busca precisamente combinar dos o más de estos elementos para dificultar la suplantación de identidad.
El sector financiero mexicano se encuentra entre los ámbitos donde esta transformación tiene mayor respaldo regulatorio.
En junio de 2026, la Comisión Nacional Bancaria y de Valores publicó modificaciones a las disposiciones aplicables a las instituciones de crédito relacionadas con el uso de información biométrica. La regulación establece requerimientos técnicos específicos para la huella dactilar y la biometría facial, además de controles para proteger la información y restringir accesos no autorizados.
La regulación bancaria mexicana ya contempla desde años anteriores mecanismos de autenticación mediante distintos factores y establece requisitos para el uso de biometría, incluido el principio de que la institución debe mantener el control de la información biométrica utilizada para autenticar a sus clientes.
El objetivo no es únicamente facilitar el acceso. La biometría también busca reducir riesgos asociados con el robo y la suplantación de identidad, particularmente en operaciones financieras.
El cambio no se limita a las instituciones financieras. En los parques industriales, donde diariamente pueden ingresar cientos o miles de trabajadores, proveedores, contratistas y visitantes, la identificación y control de accesos constituye una parte fundamental de la seguridad física.
La normativa y los procedimientos de seguridad para parques industriales contemplan la identificación de empleados y el control de los dispositivos de acceso, incluyendo tarjetas de proximidad y mecanismos biométricos. También establecen que los trabajadores deben tener acceso únicamente a las áreas necesarias para desempeñar sus funciones.
Esto abre la puerta a sistemas más dinámicos: una credencial digital en un teléfono puede autorizar el ingreso a determinadas zonas durante horarios específicos, mientras que la biometría puede utilizarse como un segundo elemento de comprobación.
Para visitantes, proveedores y contratistas, los controles también pueden incorporar registros digitales y autorizaciones previas, reduciendo la dependencia de procesos exclusivamente manuales.
La expansión de la identidad digital plantea, sin embargo, un desafío importante: proteger los datos utilizados para identificar a las personas.
Una contraseña puede cambiarse si es comprometida. Una huella dactilar o los rasgos faciales de una persona, en cambio, son características que no pueden sustituirse de la misma manera. Por ello, la protección, almacenamiento, cifrado, control de acceso y eliminación segura de información biométrica adquieren especial relevancia.
Las disposiciones emitidas en 2026 para el sector bancario incluyen controles específicos para restringir la consulta, extracción y copia no autorizada de información biométrica, además de mecanismos para preservar su integridad y realizar un borrado seguro cuando corresponda.
La tendencia apunta a que las credenciales físicas no desaparecerán de manera inmediata. En muchos entornos continuarán utilizándose como uno de los componentes del sistema de seguridad. Sin embargo, su función puede cambiar al combinarse con teléfonos inteligentes, biometría, códigos temporales y otros factores de autenticación.
El verdadero cambio está en pasar de preguntar simplemente “¿tienes la tarjeta?” a comprobar “¿eres realmente la persona autorizada?”.
Para México, la evolución de estos sistemas representa una oportunidad para fortalecer la seguridad tanto digital como física. Pero su éxito dependerá no sólo de la tecnología disponible, sino también de la correcta gestión de los datos, protocolos de seguridad, controles de acceso y mecanismos de supervisión.
La identidad digital se perfila así como uno de los siguientes grandes frentes de la seguridad en el país: un espacio donde tecnología, protección de datos y control de accesos tendrán que avanzar de manera conjunta.